Cumbres borrascosas (2026) – El exceso del deseo y la estética del videoclip
Primera parte: La tipografía de la sangre y el festín de los sentidos
Abordar una nueva versión de Cumbres borrascosas implica inevitablemente enfrentarse al fantasma de la historia del cine. En la memoria colectiva habita la aclamada versión cinematográfica de 1939, donde la camaleónica capacidad de Sir Laurence Olivier transformaba a Heathcliff en un mito del gótico en blanco y negro, enfocando la pasión desbordada desde la contención dramática.
La propuesta de Emerald Fennell adopta un rumbo opuesto, entregándose al exceso formal y visual. La exageración se anuncia desde los créditos iniciales, donde una tipografía sumamente creativa —pero fallida— intenta representar la sangre y el gótico a través de las fuentes de diseño. Sin embargo, una vez superado este tropiezo visual, la narrativa nos introduce con crudeza en el universo de Emily Brontë: el padre jugador con tintes de personaje de Dickens en su peor espectro, y la mujer tratada como mercancía, un reflejo de cómo Brontë se adelantó a su tiempo con una perspectiva crudamente protofeminista.
En su primera mitad, la película retrata a los jóvenes que crecen juntos en una relación donde las diferencias de clase no importan, pero que al madurar se transforma en una poderosa atracción sexual. Jacob Elordi llena la pantalla de manera monumental, proyectando la imagen de un huérfano sometido a las peores faenas que conserva una sensualidad casi mística. Por su parte, la Catherine de Margot Robbie desborda un erotismo explícito, adaptado a la mirada del siglo XXI; la escena en la que ella busca su propia satisfacción bajo el acecho y la mirada ardiente de Heathcliff marca una ruptura con el romanticismo clásico, transformándolo en la exposición explícita del deseo indomable.
Tras la partida de un Heathcliff despechado, la directora utiliza palacios de colores intensos y encuadres que recuerdan a comerciales de lujo. En la opulencia de los Linton, la habitación de Catherine parece diseñada en sintonía con la propia tez de la actriz, reproduciendo incluso su lunar en la pared: un despliegue de lujo, belleza y platillos de fábula donde la forma parece devorar al fondo. En este entorno destaca el personaje de Isabella Linton, la joven cuñada de 22 años que se desborda en alusiones sexuales no reprimidas, refugiándose en casas de muñecas gigantes y confeccionando hongos o flores fálicas. Su locura evoca a una Ofelia desquiciada por la represión sexual, transformándose en una aparición casi demoníaca que grita al observar a Catherine desde la barda.
Segunda parte: El retorno de la bestia y la trampa actancial
La segunda mitad de la cinta inicia con el retorno de Heathcliff. Ha vuelto rico, bien vestido y pulcro, despojado de su salvajismo primitivo pero cargado de un resentimiento implacable. A partir de aquí, los amantes se sumergen en una serie de encuentros clandestinos donde el diseño de vestuario y la estética de anuncio de perfume o lencería fina continúan a todo vapor.
La trama se vuelve un círculo vicioso de cartas interceptadas y prohibiciones. El pusilánime Edgar Linton (el apocado marido que prefiere no actuar) es finalmente advertido por el ama de llaves, desatando la prohibición definitiva de los encuentros. La venganza de Heathcliff se concreta al casarse en secreto con la obsesionada Isabella Linton, quien se sumerge en una relación masoquista.
La película concluye de manera trágica con la muerte del bebé en el vientre de una Catherine que expira. La última escena muestra a Elordi sobre Robbie, un cierre visual impactante que reafirma que, a pesar de la destrucción y la muerte, se amarán por siempre como almas gemelas. Las imágenes finales —sanguijuelas trepando por la pared, la sangre tiñendo la colcha, los rojos intensos y los protagonistas empapados bajo la tormenta— consolidan una obra aclamada por su belleza visual, aunque por momentos se perciba como el juguete nuevo de una directora fascinada con crear imágenes hermosas pero gratuitas.
Cuadro actancial de Cumbres borrascosas (2026)
Para comprender las fuerzas dramáticas que operan en esta adaptación, el modelo actancial de Greimas resulta sumamente esclarecedor:
| Función | Actante | Descripción |
|---|---|---|
| Sujeto | Heathcliff y Catherine (Jacob Elordi y Margot Robbie) | Los amantes que buscan la consumación de su pasión y la unión de sus almas gemelas. |
| Objeto | La Unión Absoluta / El Amor Sagrado | La fusión espiritual y física que se les niega en el plano terrenal. |
| Destinador | La Pasión / La Infancia Compartida | La fuerza primitiva de la naturaleza y el lazo inquebrantable nacido en la niñez que los impulsa a buscarse. |
| Destinatario | Ellos mismos | Los únicos beneficiarios de un amor destructivo que no repara en el daño colateral. |
| Ayudante | Isabella Linton (parcialmente) y su propia obsesión | Isabella actúa como un instrumento masoquista que facilita el ingreso de Heathcliff al entorno familiar, mientras que su propio deseo mutuo los empuja a romper las reglas. |
| Opositor | Nelly Dean (Hong Chau), Edgar Linton y las Clases Sociales | El ama de llaves Nelly Dean (interpretada magistralmente por Hong Chau, cuya presencia oriental aporta una nota fascinante y extraña en una atmósfera tan anglo) opera como la gran arpía y obstáculo silencioso que intercepta cartas y quema misivas. Edgar Linton representa el orden social y el matrimonio convencional que bloquea su unión. |
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