Euphoria: El Neón que Ciega y el Abismo que Cansa Por
Benjamín Gavarre | cineteatrocritica.blogspot.com
Comencé a ver Euphoria hace ya lo que parece una
eternidad. Como a muchos, el imán fue inmediato: escenas de una crudeza visual
inédita, desnudos integrales, violencia y una omnipresencia de sustancias que
hacían que el título pareciera una ironía trágica. No era solo éxtasis; era una
enciclopedia del exceso. Sin embargo, tras el deslumbramiento inicial por sus
formas, queda la pregunta: ¿hacia dónde nos lleva este viaje de
autodestrucción?
La Maestría Técnica: Un Triunfo de la Forma Si algo
es incuestionable en la visión del creador y director Sam Levinson, es que la
serie entra por los ojos con una fuerza brutal. La edición de escenas, a cargo
de editores como Julio C. Perez IV, es un prodigio: va de aquí para allá, rompe
la linealidad y sorprende con una narrativa fragmentada que emula la confusión
de sus personajes.
La fotografía de Marcell Rév utiliza la luz no solo para
iluminar, sino para crear estados de ánimo; esos azules eléctricos y rojos
saturados son ya parte del ADN visual de esta década. A esto se suma el trabajo
de Doniella Davy en el maquillaje y Heidi Bivens en el vestuario, que se
convirtieron en tendencias globales. Es una serie que se ve y se siente como un
sueño febril, apoyada por la música atmosférica de Labrinth, que en las
primeras temporadas lograba esa mezcla exacta entre melancolía y pulso cardíaco.
El Abanico de la Desgracia El elenco ha sido el gran
acierto. Zendaya, en su papel de Rue Bennett, entrega una actuación tan
visceral que por momentos agota; su drogadicción es un pozo sin fondo que no
ofrece tregua al espectador. Por otro lado, Jacob Elordi se ha consolidado como
la gran estrella —el galán de 1.96 metros que ahora es ubicuo— interpretando a
un Nate Jacobs cuya relación con su padre, Cal Jacobs (un impecable Eric Dane),
es uno de los puntos más oscuros y mejor logrados. Aquel capítulo del romance
truncado del padre en su juventud es, posiblemente, de lo más humano y hermoso
de la serie.
Sin embargo, el guion también se pierde en un "catálogo
de pretensiones". Maddy Perez (Alexa Demie) brilla con su carisma
hiperfabricado, mientras que Cassie Howard (Sydney Sweeney) parece atrapada en
una espiral donde el deseo se confunde con la falta de talento o identidad.
Mención aparte merece Hunter Schafer como Jules Vaughn, un personaje trans que
rompe estereotipos, aunque su "mancuerna equívoca" con Rue termine
siendo un círculo vicioso.
Lo Mejor vs. Lo Peor: El Juicio Crítico Lo mejor: La
capacidad de la serie para capturar la ansiedad moderna y la soledad en la era
digital. Es valiente, visualmente revolucionaria y no teme incomodar.
Lo peor: El exceso gratuito. Muchos críticos señalan que la
serie ha cruzado la línea hacia la "pornografía del trauma", donde el
estilo intenta compensar un guion que se vuelve repetitivo y nihilista. La
violencia en las temporadas más recientes se ha vuelto casi insoportable.
Ver a Nate Jacobs perseguido por la mafia o a Rue enterrada
hasta el cuello en una situación límite, nos hace cuestionar si queda algo de
humanidad. La serie parece haber envejecido prematuramente debido a las largas
pausas entre temporadas, perdiendo esa brújula que la hacía un hit
indiscutible. Al final, me recuerda a esa vieja película, Born to Win
(Nacidos para ganar/perder). Nos prometieron euforia, pero nos entregaron un
horizonte de horizontes lamentables donde todos terminan perdiendo.