"La boda de mi ex" (Destination Wedding)










El arte de la misantropía compartida: Una reseña de "La boda de mi ex" (Destination Wedding)


Benjamín Gavarre


¿Es posible construir una película entera basándose únicamente en el diálogo de dos personajes que parecen odiar todo lo que les rodea? La respuesta es un rotundo sí, y se encuentra en "La boda de mi ex" (Destination Wedding, 2018), una propuesta que se siente más como una pieza de teatro minimalista que como una comedia romántica convencional.


Una puesta en escena casi teatral

Escrita y dirigida por Victor Levin, la cinta utiliza el lenguaje cinematográfico para acentuar lo que en el teatro sería difícil de plasmar, pero lo hace con una sutileza tal que la cámara parece quedar en segundo plano, cediendo todo el protagonismo a la palabra. La premisa es sencilla: la atracción entre dos perfectos desconocidos que se repelen desde el primer instante. Él, un narcisista empedernido; ella, una mujer que parece rebelarse incluso contra sí misma.


Reeves y Ryder: El contrapunto perfecto

Lo que sostiene la película es la innegable afinidad entre Keanu Reeves y Winona Ryder. Es curioso ver a Reeves en un papel que, en teoría, no le va mucho: su naturaleza suele ser empática y serena, pero aquí logra encarnar a un tipo huraño con una eficacia sorprendente. Por su parte, Ryder parece estar en su elemento natural. Aunque ha hecho de la "personalidad inestable" su sello personal —esa mujer al borde de la ruptura emocional que ya hemos visto en otros proyectos—, aquí encaja como un guante. Uno se pregunta si es un encasillamiento o si Winona ha perfeccionado tanto el arquetipo de la mujer "casi enloquecida" que ya no podemos imaginar a otra en el puesto.


El ingenio detrás del cinismo

La relación entre ambos saca chispas. Aunque el desenlace amoroso sea previsible, lo verdaderamente divertido es observar cómo encajan sus piezas mientras navegan por un mundo que les resulta absurdo, falso e incómodo. Viajan a una boda en  los viñedos de Paso Robles, California y, a pesar de estar rodeados de gente, siempre están solos. Un dato curioso: ellos son los únicos personajes con líneas de diálogo en toda la película; el resto de los invitados son solo ruido de fondo, una decisión de guion brillante para enfatizar su aislamiento.

El guion de Levin está lleno de ingenio, con sorpresas dialécticas y remates inesperados en cada escena. Es un texto punzante que revela a un escritor que sabe que el conflicto no siempre necesita grandes acciones, sino grandes réplicas.


Conclusión

Al final, aunque intentan romper porque no confían en la viabilidad de una relación, el cierre es amable con el espectador. Los vemos dejar atrás sus "miserables vidas" —o al menos llevarse un recuerdo de ellas en forma de artículos robados de un cuarto de hotel— para intentar vivir algo juntos.

A pesar de que la crítica no fue especialmente generosa en su estreno, Destination Wedding es una joya oculta que vale la pena rescatar. Es ideal para una tarde de domingo, o simplemente para cualquier momento en que uno necesite recordar que, incluso para los más cínicos, siempre hay una posibilidad de encuentro.




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